Fatal, pero por lo demás bien. Bastante bien. La montaña de urgencias que se acumulaba sobre mi mesa de trabajo va decreciendo, lo que supone una satisfacción y un alivio. Y aunque el bloqueo persiste, qué les voy a contar, el caso es que voy despistando al reloj defendiendo frases hechas cual si fuesen axiomas, tirando de remiendos y referencias de segunda mano, y acudiendo a los maestros en busca de chispazos que desatasquen cada anomalía. Sin escrúpulo ni medida, pero sí con un punto de sosiego, el necesario para perfeccionar cada crimen. O sea, que eso, que todo bien, mejor.
miércoles, febrero 21, 2007
El hábil plagiario
Fatal, pero por lo demás bien. Bastante bien. La montaña de urgencias que se acumulaba sobre mi mesa de trabajo va decreciendo, lo que supone una satisfacción y un alivio. Y aunque el bloqueo persiste, qué les voy a contar, el caso es que voy despistando al reloj defendiendo frases hechas cual si fuesen axiomas, tirando de remiendos y referencias de segunda mano, y acudiendo a los maestros en busca de chispazos que desatasquen cada anomalía. Sin escrúpulo ni medida, pero sí con un punto de sosiego, el necesario para perfeccionar cada crimen. O sea, que eso, que todo bien, mejor.
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